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Archivos Mensuales: septiembre 2010

¿Conocemos sus conocimientos previos?

Con el tiempo los términos cambian y las cosas se complican. Hace algunos años se llamaba experiencia o cultura personal. Los más directos le llamaban información adquirida. Hoy se habla de “conocimientos previos”.Conversando  con unos amigos sobre la conveniencia de algunas lecturas vivenciales para chicos de 12 años, entramos, sin querer, en una discusión . Y justamente el tema en cuestión eran los “conocimientos previos”. Mi opinión es que subvaloramos la capacidad receptiva de los alumnos , pensando que son chicos del siglo pasado , como nosotros. Hace veinte o treinta años atrás existían muchos filtros que censuraban , para bien o para mal, esa información que después se presentaba como una tempestad sobre la vida real adulta. Llegábamos a ser adultos con menos “conocimientos previos” que los chicos de hoy. La sexualidad, las enfermedades conductuales como la depresión y la anorexia, eran totalmente desconocidas para nosotros. Hoy,  basta con encender la computadora, o ver una serie de televisión para ser objeto pasivo de estímulos. Si nos dejamos llevar,  terminamos comprando algo que está de moda o asumiendo modelos de vida frecuentemente lejanos a nuestra realidad.

Para que un alumno comprenda lo que lee , tiene que establecer una relación entre la información del texto y sus “conocimientos previos”. Si esa relación no se dá, entonces el lector no habrá entendido nada. Si sucede lo contrario se enterará del argumento y posiblemente tendrá una opinión sobre lo leído (juicio crítico). De ahí la importancia que tenemos los educadores de conocer cuáles o qué “conocimientos previos” tienen los alumnos.  Si idealizamos al alumno , pensando que continúa siendo el mismo niño de primaria que no le interesan temas como su sexualidad, su intimidad, la relación con sus padres desde la perspectiva de su individualidad, entonces seguiremos recomendando libros infantiles porque devaluamos sus “conocimientos previos”. Hoy los chicos tiene experiencias que ninguno de nosotros, los que nacimos en el siglo XX, tuvimos a su misma edad. Nosotros nunca escuchamos una discusión sobre el matrimonio gay, o sobre el abuso reiterado y cobarde que cometen algunos delincuentes contra nuestros niños. La palabra anorexia no la conocimos, sino hasta hace poco. La depresión era una especie de locura que sucedía pocas y raras veces. El hablar con extraños estaba completamente prohibido y nuestros padres estaban tranquilos cuando nos quedábamos en casa. Hoy ya no se puede dcir eso.

Nos ha tocado vivir tiempos en que la información vale tanto o más que el oro. Porque es el medio para hacer negocios, para vender y comprar y tambien para cometer delitos. Nuestros hijos y alumnos conviven con tecnologías que venden y compran información. Sus inbox, sus mails, su vida está contínuamente seducida por la información. No podemos hacer nada para evitar esta ola, por tanto es imperativo  que corramos a su lado. Estar al lado de ellos es importante porque les daremos las respuestas o rectificaremos la mala información.

Los educadores de hoy tenemos un gra reto. Definitivamente debmos ponernos al día. Subirnos a esa ola tecnológica y dominarla. Muchos se hacen a un lado y se encapsulan en metodologías y valoraciones morales que no responden a las dudas de los alumnos. No olvidemos que también podemos escandalizar por omisión: “Tuve sed, y no me diste de beber”…

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Publicado por en 5 septiembre, 2010 en Uncategorized